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La seducción es una de las armas más valiosas que tenemos a nuestro alcance, por lo que potenciarla no es ninguna tontería. Lejos de ser un aspecto superficial, el saber seducir nos sirve no solo para ese aspecto que hasta esta línea todos estamos pensando, sino para mucho más.

 

El concepto seducción siempre se ha asociado de forma negativa a la sexualidad, pero no debería ser así. Es, como el dinero, algo que si lo utilizas bien puede ser bueno y si lo destinas a otros fines, malo. La reconocida bailarina y conferenciante Chen Lizra afirma a este respecto que la seducción puede convertirse “en una herramienta vital porque todos tenemos ese poder, solo hay que sacarlo”.

 

Además de múltiples alegrías en forma de conquista, saber seducir nos ayudará a comunicar mejor, a mejorar nuestro trato personal y a prosperar en el plano profesional. Alguien que sabe seducir, sabe cómo venderse y, por tanto, sabe cómo vender un producto, una idea, una marca…

 

La belleza física claro que entra en juego en la tarea de seducción. Es sin duda un punto a favor, pero ni mucho menos es el más determinante. Porque la seducción está en la mirada, en la forma de hablar, en el humor, en el movimiento, en la creatividad…

 

La seducción asociada solamente a la belleza nos hace frustrarnos. Quizá no es nuestra culpa, porque cada anuncio, cada campaña, cada revista… nos muestra casos de éxito de mujeres y hombres bellísimos. La asociación de ideas está más que presente, pero no nos dejemos engañar: llegará un día en el que la belleza, con el paso de los años nos abandonará, a todos, sin excepción, y si todas nuestras bazas están puestas en ella, nos quedaremos sin ese poder de seducción tan valioso.

 

Según varios estudios científicos, más de un treinta por ciento de los alumnos no se atreve a preguntar en clase por miedo a que critiquen su aspecto, y el 17% de las mujeres no acudiría a una entrevista de trabajo si no se sienten cómodas con su apariencia ese día.

 

Cuidemos nuestra belleza, pero sin obsesión. Seduzcámonos primero a nosotros para hacerlo después con el mundo… ¡Seducid, malditos!